Pasaban así por “ La Piedra Agujereada”, y luego “ Los Lingues”, “ La Subida del Melico” y luego pasábamos por “ Los Tres Arboles”, lugar equidistante de Lota, donde los carabineros montados a caballo, hacían posta. Los de Santa Juana se juntaban con los que venían en sentido contrario desde Lota, se pasaban las novedades y encargos y se volvían cada cual a su cuartel. Eso era “ Los Tres Ärboles”
Después “ Casa de Tejas” y luego.” Los Quilmayes” y “ El Pájaro Niño”, animita donde los carreteros pasaban a dejar unas monedas y a decir una oración por el buen término del viaje.., Estaban más adelante “ Tierra Blanca”, “ Los cipreses” y “Los Guindos”, poco antes de llegar a la temida “ Bajada Parada”, donde había que ayudar a los brutos, frenando las ruedas de las carretas. Poco más adelante se alcanzaba “Casas Viejas”, donde solían juntarse a pernoctar tantas carretas que a veces no había espacio para una más y entonces, había que seguir más adelante. Buscando un espacio donde desenyugar a los bueyes, hacer una fogata y tomarse el café caliente en el “charro” antes de dormir bajo la carreta. Fue en este lugar que uno de mis informantes me contó que cuando era un niño de unos 10 años, se tiró a dormir bajo la carreta, se cubrió con una manta a esperar la aurora. A medianoche, sintió un cosquilleo en la cara y un olor penetrante. Al despertar se encontró con la cara del león que lo estaba olfateando, listo para darle el mordisco. El niño se asustó y dio un fuerte grito al mismo tiempo que daba un manotazo al león. Éste se asustó por la reacción del niño y se alejó de un salto, perdiéndose entre los árboles del bosque. Desde ese entonces le llaman “el olfateado de león”.
Luego venía “ Cancha de Madera” seguida de “ Trancas Negras” y más allá “ La Guelta de Munita”, nombre derivado del apellido de una familia que vivía en ese lugar. Y así se llegaba a Colcura, desde donde se doblaba hacia Lota siguiendo un camino encumbrado en los cerros por un “ Camino de Barro”, hasta llegar a “ El Abanico”, que era una cancha de fútbol y finalmente se llegaba a “ La Rejón” , justo a la entrada de Lota, donde se pernoctaba. Se soltaban los yugos, se daba de comer a los animales y se encendía la fogata para calentar el café en el “charro”. Un poco de conversa escuchando las historias de los más ancianos, un poco de aguardiente y ¡a dormir! Bajo una manta o frazada.
Al día siguiente se entraba a Lota muy de mañana y se pregonaba la mercadería que llevaba la carreta: Chicha de uva, o vino “bautizado” a la entrada del pueblo, membrillos, trozos de pellín, verduras y tomates, manzanas, harina tostada y tortillas. Los melones de Santa Juana eran los más deliciosos de la región y muy apetecidos por los lotinos.
Después “ Casa de Tejas” y luego.” Los Quilmayes” y “ El Pájaro Niño”, animita donde los carreteros pasaban a dejar unas monedas y a decir una oración por el buen término del viaje.., Estaban más adelante “ Tierra Blanca”, “ Los cipreses” y “Los Guindos”, poco antes de llegar a la temida “ Bajada Parada”, donde había que ayudar a los brutos, frenando las ruedas de las carretas. Poco más adelante se alcanzaba “Casas Viejas”, donde solían juntarse a pernoctar tantas carretas que a veces no había espacio para una más y entonces, había que seguir más adelante. Buscando un espacio donde desenyugar a los bueyes, hacer una fogata y tomarse el café caliente en el “charro” antes de dormir bajo la carreta. Fue en este lugar que uno de mis informantes me contó que cuando era un niño de unos 10 años, se tiró a dormir bajo la carreta, se cubrió con una manta a esperar la aurora. A medianoche, sintió un cosquilleo en la cara y un olor penetrante. Al despertar se encontró con la cara del león que lo estaba olfateando, listo para darle el mordisco. El niño se asustó y dio un fuerte grito al mismo tiempo que daba un manotazo al león. Éste se asustó por la reacción del niño y se alejó de un salto, perdiéndose entre los árboles del bosque. Desde ese entonces le llaman “el olfateado de león”.
Luego venía “ Cancha de Madera” seguida de “ Trancas Negras” y más allá “ La Guelta de Munita”, nombre derivado del apellido de una familia que vivía en ese lugar. Y así se llegaba a Colcura, desde donde se doblaba hacia Lota siguiendo un camino encumbrado en los cerros por un “ Camino de Barro”, hasta llegar a “ El Abanico”, que era una cancha de fútbol y finalmente se llegaba a “ La Rejón” , justo a la entrada de Lota, donde se pernoctaba. Se soltaban los yugos, se daba de comer a los animales y se encendía la fogata para calentar el café en el “charro”. Un poco de conversa escuchando las historias de los más ancianos, un poco de aguardiente y ¡a dormir! Bajo una manta o frazada.
Al día siguiente se entraba a Lota muy de mañana y se pregonaba la mercadería que llevaba la carreta: Chicha de uva, o vino “bautizado” a la entrada del pueblo, membrillos, trozos de pellín, verduras y tomates, manzanas, harina tostada y tortillas. Los melones de Santa Juana eran los más deliciosos de la región y muy apetecidos por los lotinos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario